ARTESANIA. LOS CARPINTEROS DE RIBERA

Ya en el siglo XV los astilleros de la Linera tenían una reconocida fama en toda Asturias; para su producción utilizaban una magnífica materia prima procedente de los bosques de castaños y robledales de la zona, además de la clavazón y de los distintos arpeos salidos, con toda seguridad, de las ferrerías instaladas en Boal, en la cuenca del Suarón y en los Oscos.


En el siglo XVI la conquista de América y el reinado de Felipe II provocan un desarrollo sin precedentes el toda la carpintería naval del Cantábrico. En las riberas del Eo los astilleros pasan por su etapa dorada de producción que durará hasta finales del siglo XVII y durante la cual se construirán, entre otras embarcaciones, varias naos y goletas para las que se utilizan velas tejidas con lino del pais o importado del norte de Europa.


Con el término nao se designa a muchas embarcaciones, pero la conocida como tal en el Cantábrico era una nave pesada, utilizada tanto para el transporte de mercancías como en las labores de pesca de altura; estaba compuesta de bauprés, que es como se denomina al palo que sobresale de la proa de un barco, y también por tres mástiles verticales que en orden de proa a popa, se conocen como trinquete, mayor y mesana, y que sujetan las gavias o velas del barco.


A finales del siglo XVII había solamente, en el Concejo de Castropol, mas de veinte carpinteros de ribera, siendo la zona de Asturias con mayor numero de éstos, aunque su producción se concentraba principalmente en embarcaciones de carácter polivalente (transporte-pesca) y pequeño tonelaje, como es el caso de la pinaza, barco ligero de vela y remo muy frecuente el todo el Cantábrico.


Según refleja el catastro del Marqués de la Ensenada, en 1753 había cinco carpinteros de ribera en la localidad de Figueras, quienes ganaban aproximadamente cuatro reales al día, siendo uno de los trabajos mejor remunerado en esta población marinera.


Maqueta de vela realizada en madera
 
La carpintera de ribera en el distrito marítimo de Castropol va a construir hasta mediados del siglo XX diferentes tipos de embarcaciones, no sólo para armadores locales y del resto de Asturias, sino también para Galicia. Entre las clases de barcos que van a salir de los talleres se encuentran la gabarra, destinada a la carga y descarga en los puertos, que podía ser remolcada o bien propulsada a vela o a remo; para el cabotaje menor, el patache , embarcación clásica en el Cantábrico; también el balandro, pequeño barco de un solo palo y luego otros veleros de mayor identidad, pero muy escasos el número, como corbetas, goletas, bergantines,.....


Pero es la construcción de pequeñas embarcaciones de pesca lo que va a caracterizar la labor artesanal a finales del Siglo XIX y principios del XX. De acuerdo con las preferencias de cada cliente el cuanto a tamaños, formas y elementos auxiliares, se van a construir principalmente botes y bateles, en los que se mantiene una continuidad con respecto a embarcaciones de este mismo tipo de épocas anteriores. Sus tamaños oscilan entre los tres y siete metros y pueden ser impulsados a remo o a vela al tercio. De mayor tamaño es la trainera, utilizada para la pesca de la sardina, que generalmente, además de llevar 14 remos, tenía posibilidad de propulsarse con dos velas en mástiles de quita y pon.


En el primer cuarto del siglo XX se inicia la construcción de pequeños pesqueros propulsados a vapor capaces de faenar el cualquier arte de pesca; también aparece el motor de explosión que se va a adaptar a botes y traineras, y a las nuevas embarcaciones caracterizadas por la especialidad pesquera a la que se van a dedicar (boniteras, merluceras,...).


No podemos dejar de mencionar la chalana pequeña embarcación de popa cuadrada y fondo plano que se emplea principalmente en la pesca fluvial, y que en esta zona se llegó a utilizar también para el transporte de productos con destinos a los mercados locales.


Desde mediados de este siglo la artesanía naval va a sufrir un constante descenso de actividad y tan solo en la actualidad se puede hablar de un taller en el Concejo de Castropol que mantiene su labor dedicada a construir pequeñas embarcaciones de pesca y recreo".

Barca realizada por carpinteros de Castropol

El incipiente desarrollo económico que experimenta en el siglo XIX La vega de Rivadeo, hoy Vegadeo, favorece la actividad naviera en toda la Ría.

El movimiento portuario en el muelle de El Calero de A Veiga y en los puertos de Ribadeo, Figueras y Castropol incrementa la demanda de embarcaciones de cabotaje para el transporte de productos llegados del extranjero, de América y de otros núcleos del Reino, a través de las grandes rutas de navegación así como también para la exportación de los excedentes producidos en la comarca, especialmente derivados de la actividad agrícola, ganadera y artesana.